¡Magia! ¡La casa de los juegos, Hijos de Luis Deprit. Madrid!

Este fue el anuncio más hermoso que vio en su vida y fue en un diario. Tardó poquísimo en recibir su primer catálogo mágico, y poco después un pequeño pedido compuesto del juego de manipulación de bolas y la explicación solamente de las hojas de afeitar enhebradas. Ya se sentía Mago. Faquir, de momento no, pues tubo que llevarlo la señora Lorenza al médico con el carrillo derecho inflado como un botillo, debido al clavado de una aguja de hacer punto. Fue tratado con antibióticos. Poco después de este accidente
ocurrió algo parecido y que pudo tener peores consecuencias, esta vez no eran agujas, sino clavos que se introducía por los lagrimales. El efecto consistía en hacer desaparecer un clavo por un lagrimal y hacerlo aparecer por el otro. Como es de suponer nuestro hombre tenia dos clavos. Estos ofrecían muy pocas garantías higiénicas ya que los extraía de las tablas de los envases de madera de la fruta y aunque los limpiaba con alcohol no era lo suficiente para una buena desinfección, de ahí el problema que pudo acarrearle. Lo curioso de este arriesgadísimo efecto es que Pablo, no lo había leído en ningún sitio, pues siempre careció de la más mínima información mágica. ¿Se lo contó alguien?. No lo recuerda. De ahí su asombro, al leerlo muchísimo más tarde en el libro de “LAS MEMORIAS DE ROBERT HOUDIN”.¡

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