Años posteriores

Desde la desaparición de la Compañía Mágica hasta el año 1.990 Pablo desarrollaba su Magia, en Púb., Casas de Cultura, cumpleaños, alguna comunión y también alguna Casa Regional. Hablando de estas últimas, me contó algo que podía haber terminado en tragedia y que ahora se recuerda como anécdota. “Actuando en la Casa Regional de Valladolid,
en uno de los juegos, fue a quemar el sobre que contenía los trozos de la carta que luego tenia que aparecer en la naranja. Este sobre que reposaba en un platito, fue rociado
con gasolina por falta de alcohol, salpicando el tapete e incluso la alfombra y sus manos: Cuando acercó la llama al sobre, todo empezó a arder: Sobre, plato, tapete, mesa… Pablo,
intentó apagar el fuego con sus manos que también ardían, las llamas se propagaron, llegando hasta la alfombra y de ahí podían haber continuado hasta las cortinas. El público no se movía de sus asientos y se divertía pensando que era parte del espectáculo, hasta que alguien gritó, -¡¡FUEGO!!- ¡Dios mío! en segundos, solo quedaron en el salón, el mago y el conserje que con gran serenidad y un pequeño extintor, consiguió neutralizar las llamas Más de una semana tuvo que estar nuestro protagonista con las manos embadurnadas en pomada.

Hubo otro caso que no llegó a mayores por la videncia del director artístico de un local céntrico de Madrid. Este hombre llamó a Segóbriga, por recomendación, para unas actuaciones en su local. Cuando lo vió, quedó sorprendido de su cojera, espetándole sin anestesia: -Perdone don Pablo, siento decirle que usted no puede actuar aquí-. ¿Por qué? Preguntó Segóbriga. Y respondió el “directorzote”: -¡Por que es cojo! Y los cojos traen mal fario a nuestra casa. En cierta ocasión tuvimos a un cantaor de flamenco llamado el Pata Chula, y ardió toda la parte de atrás del escenario.- -Lo comprendo perfectamente.- Contestó Pablo, acordándose seguramente de la Casa de Valladolid. Menos mal que nuestro protagonista no es supersticioso, de lo contrario solo con estos dos casos hubiese sido suficiente para retirarlo del mundo del espectáculo.

Llegamos al año 1.990, y Segóbriga de Garmany, con autorización del Consejo Nacional de Magia, monta una escuela en el restaurante Isidoro, sita en General Ricardos, aprovechando sus actuaciones semanales en dicho restaurante: LAS CENAS MAGICAS DE ISIDORO. Allí empieza su periplo como profesor, y le gusta por que él también aprende. Consigue en poco tiempo un circulo con el nombre de A.R.A. (Amigos de la Reina de las Artes) y con más de cincuenta socios-alumnos.

En este año también conoce a “don” Rafael. Mejor Raphel, el “vidente”. Con el que hace algunas sesiones de hipnotismo en hoteles de provincias. En el año 1.993, ocurrió algo que ya tenia que haber ocurrido mucho antes. Por reajuste de su empresa aprovecha una oferta de despido. Puesto que esta oferta la encontró interesante, y le venia como dedo al… anillo, se presentó en casa con el finiquito y la “panoja”. -¿Te ha tocado la lotería?.- Preguntó la Marieja. -¡No!. Me han despedido con…-. No pudo terminar. Su mujer se convirtió en un basilisco, para decirle de todo (en buena lid). Al poco tiempo todos contentos por que fué un acierto. Por fin no madrugaría jamás. El sueño de su vida. ¿Os imagináis, ya nunca madrugar?. Tendría todo el tiempo del mundo para dedicárselo a ella. Si, a la Magia, a la que le había dado tanto. A ella, que le era fiel le regalaría todo su tiempo, toda su vida, y en compañía de sus seres más queridos.

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