El Parador

Los Domingos y Festivos, Pablo y su hermano Jesús, despachaban frutas, verduras y hortalizas entre otras cosas, en un puesto que sus padres les ponían en la plaza llamada el “Parador” (tipo rastro.) “Sucursal” de la tienda de comestibles que tenían en la calle Alante, 19. A esta plaza, hizo los siguientes versos con los personajes del momento y la actividad que estan realizando:

En el Parador

Mientras pasa un burro a un carro “amarrao”,
en el parador, demanda un “parao”.
Paco el corredor habla de “ganao”,
con Futo, Canuto y el tío Arrematao.
Muy cerca charlando Chiva y la Culona,
Mito merendando con pan de “tahona”,
nosotros jugando el trompo a la cocona
y a Trinca pelando Ricardo Melona.
El Arrete mirando el juego del tango
del Raque, Chavete y un pariente de Chango.
Llegó el del Calvete, a meter la pata:
en un periquete armó ZARAGATA.

En la fuente del Parador

Mula bebiendo en escena.
Un beso sin un te quiero,
y un botijo que se llena
con agua del ratonero.

En la Becerrada

…¿Quién es ese figurín,
que cita o llama a la vaca?
-¡Es mi primo Damasin,
que está como una carraca!

Pablo como reclamo, hacia malabares con tres huevos, mientras pregonaba lo menos vendible. Gracias a esta actividad del domingo, consiguió dominar los falsos depósitos y escamoteos con patatas, tomates, peras, manzanas y sandias, aunque os cueste creerlo. Los kilos de sus pesadas para el cliente eran de 1.100 gramos. Y cuando caían en su cesto ya habían mermado 200, quedando el kilo en 900. Los 200 gramos restantes se habían quedado camuflados entre el plato de la romana y la mano del artista, para desde allí regresar a la banasta. Doña Maria se iba tan contenta y Pablo, también contento de sus progresos Mágicos.

Antes comenté lo de los malabares con huevos. Pero los huevos no los vendía Pablo, si no que los compraba al por menor para luego venderlos al por mayor. Cuento esto, por que de aquí sacó nuestro personaje una falsa cuenta con huevos: (cuatro por tres). El cliente los llevaba en su recipiente y Pablo, los pasaba a un balde grande de cinc que ya contenía huevos de anteriores compras. Como norma habitual y generalizada por aquellos lugares y por aquel entonces los huevos se contaban de seis en seis, tres en cada mano. Por lo tanto cada dos dejadas se contabilizaba una docena. Pero de vez en cuando una de las manos cargaba cuatro, que al hacerlo con ritmo, para el vendedor de los huevos pasaba totalmente desapercibido. Esta falsa cuenta convertía una docena en catorce y a veces en dieciseis unidades. Aprendió como desviar la atención de las personas, lo que se llama en Magia, Misdirecction. Aprendió de una forma inconsciente, muchas técnicas, que son fundamentales para la magia.

Los bolsillos de sus pantalones cortos y de pana lisa, heredados o cedidos por su hermano Francisco, tenían sus bolsillos rotos, atados por una cuerda con el fin de guardar los guijarros responsables de su ruptura y que le servían para practicar. También su material de ensayo era un fruto no comestible que le llamaban castañas locas.

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