Los comienzos

Nuestro personaje, a los tres meses de haber nacido adquirió la parálisis infantil o poliomielitis. Esta enfermedad terminó concentrándose en su pierna derecha. Pierna que fué operada en el Hospital de San Rafael; (Madrid) dos veces de la rodilla y otras dos del pié, para al final, poder deambular con aparato ortopédico. Este aparato es compañero inseparable como la Magia.

Sus maestros en la escuela, desde los cuatro años a los quince: doña Angustias, que apenas la recuerda, don Marcelino, que pegaba con una vara emporrada en la punta y don Constancio, que en vez de vara, usaba tres tiras de cuero en forma de trenza y que llamaban correilla. A don Constancio, lo recuerda como el hombre casi perfecto, jamás se le vio fumar, nunca visitaba los bares, únicamente se le veía fuera de la escuela, en sus largos paseos de la tarde. Gran deportista y amante del fútbol, deporte que le fascinaba y practicaba a diario con sus alumnos.

Don Constancio era un gran ejemplo a seguir.

Pablo, como ya dijimos, nació en Saelíces, y en su jurisdicción tiene Segóbriga, una ciudad romana y enterrada. Esta ciudad fue la que le prestó el nombre: SEGÓBRIGA. Con ocho años ya sintió el impacto de este divino arte. Un buen día su pueblo se vio inundado por panfletos con el slogan de ¡¡HA LLEGADO BARCELÓ !! ¿Quién era este personaje?. Para Pablo, era dios. El mago más completo que ha conocido, salvo que el paso de los años le traicionen. Todo su espectáculo lo realizaba en la plaza o en el salón de Capelo, con una duración de dos horas. En ese tiempo se podía ver todo tipo de Magia: Clásica, cómica, manipulación, mentalismo, hipnotismo, cumberlandismo… y mucho más.

Todo lo hacia bien. Su retribución económica era el producto conseguido en la rifa de una botella de coñac 103 o de anís del Mono. Esta rifa la hacia en el intermedio, desapareciendo parte del público para no contribuir en el “donativo”. La rifa de Barceló, era otro espectáculo. Dios mío, que forma de vender las papeletas, que profesionalidad, ¡¡Qué Maestro!!.

Pablo_juventudA raíz de conocer a este profesional, Pablo, lo tenia muy claro: ¡Quería ser mago! Ya sin documentación alguna conseguía sorprender a sus compañeros de colegio, haciendo desaparecer el botón de una pelliza vieja de su padre. Usando una misdirecction totalmente intuitiva los dejaba perplejos escamoteando gomas de borrar y sacapuntas.

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