Mago las 24 horas del día

A partir de la obtención del carné, para él, solo existía la familia y la Magia.Sus horas en la oficina se limitaban a cubrir el expediente y cumplir por supuesto con las obligaciones. Estas horas eran lentas, leeentas. Largas, laaargas. Aunque al final se las ingenió para hacerlas mucho más gratificantes. En los momentos ociosos, que no eran pocos, sus juegos y escritos mágicos, los pasaba al disco duro de uno de los primeros ordenadores que se fabricaron.

En casa, y una vez cumplidos los deberes de padre, esperaba a que todos se acostasen para empezar su orgía Mágica. Cubría la mesa de 80 cm. con su tapete verde, frente a un gran espejo colgado de la pared y entre libros barajas y monedas, nuestro mago pasaba tres o cuatro horas en éxtasis. Leyendo y practicando, pero en éxtasis. Repetición y repetición de pases. Repetición y repetición de juegos. Repetición y repetición de rutinas. El volver a hacer, era mucho más placentero, y si veía el más mínimo progreso entraba en una felicidad plena, que solo un mago auténtico puede saberlo. Los minutos eran segundos y las horas minutos. De lunes a viernes dormía poco, pero entre sábados y domingos se desquitaba.

Tuvo un tiempo en el que solo vivía por y para la Magia. Esa época fue preocupante, el tiempo en el retrete para cubrir sus necesidades fisiológicas eran horas jugando con imperdibles, bolas y dedales. No había un rincón en la casa que no tuviese su huella mágica. Al hacer la cama, los comodines surgían entre las sábanas. Ponías la televisión, y lo primero que veías sobre ella era una baraja y su estuche al lado.
Sobre la silla, de la habitación de la niña, cuatro monedas y una navajita de cuando tuvo que ir, por que lloraba. Dentro del tambor de la lavadora siempre había elásticos de todos los colores, por que Pablo se los guarda en los calcetines. Más de una vez tuvo que arreglar una avería por obstrucción. Su mujer harta de este descontrol, de tanta Magia y de tanta locura, una noche lo pone en un brete, al espetarle: -¡No puedo soportar más, y hasta aquí hemos llegado. Puedes elegir y decidirte entre la Magia, y la niña y yo.! Tienes de plazo hasta mañana.- Y Pablo de una forma muy poco lógica contestó: – Pienso y creo, que todo es compatible, pero si me obligas no hace falta esperar hasta mañana… te lo digo ya. ¡La Magia!.- Después, ante este poco juicio, se hizo perdonar, y al final demostrar que efectivamente era compatible y no solamente con una niña sino con dos más que vinieron después. Es cierto que por aquel entonces nuestro Ilusionista estaba intoxicado, pero que él era consciente del peligro que corría ante esta divina droga. “Me contó, que en una ocasión estubo a punto de robar con el fin de ingresar en la carcel, y poder tener las veinticuatro horas dedicadas a la magia.” Por juicio y lógica, salió de aquella maravillosa enfermedad, por el bien de todos.

Todo el tiempo perdido en cuanto a su formación mágica, lo fue recuperando a pasos agigantados al estar entre magos, libros y prácticas. El siempre dice.- Que si buen mago quieres ser, Magia ver, leer y hacer.

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